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Experiencia: Escribir dos novelas cortas en un mes

Antes de nada me gustaría empezar hablando de un desafío que existe desde hace casi veinte años: el NaNoWriMo (National November Writing Month). En realidad es un autodesafío con un planteamiento bastante sencillo. Escribir 50.000 palabras (como mínimo) durante el mes de Noviembre. A primera vista parece inabarcable, pero una vez se hace la matemática resulta más realista. Esas 50.000 palabras se convierten en sólo 1.666 palabras diarias, prácticamente una página y media o dos páginas, dependiendo de la frecuencia de los saltos de línea.

Yo soy un ganador, aunque más bien me veo como un superviviente, de tres NaNoWriMo. Tres novelas distintas en tres años distintos. Bastante sencillo.

Ahora viene el siguiente paso.

Debido a ciertas circunstancias, afirmé que podía escribir dos novelas cortas (en torno a 20.000 palabras cada una) en menos de seis meses; y tuve que demostrarlo. Así, durante agosto, tuve mi particular y no exactamente igual, pero muy similar, NaNoWriMo. Cabe decir que conté con un tiempo de preparación de unos diez días y, cuando empecé a escribir, tenía básicamente el concepto de cada una de las novelas y el título.

Hay gente que se prepara de manera intensiva para el NaNoWriMo, o para cualquier proyecto de escritura. Estos llamados escritores mapas hacen diagramas, biografías de personajes, escaletas, construyen cada escena con detalle antes de escribirlas... Preparan todo de antemano de forma que lo único que queda es, bueno, escribirlo.

Yo no. Yo soy el otro extremo: un escritor brújula. Me lanzo a la escritura de una novela sabiendo lo mínimo de la misma, porque, después de todo, la descubro mientras la escribo. A veces tengo una idea de los personajes que usaré. Otras sólo tengo un título, o un concepto. Y con eso puede ser suficiente.

Pero todo esto es planteado de manera sencilla: una novela a la vez. Es el metodo habitual. El metodo racional. El que te permite mantener tu cordura. ¿Quién se atrevería a escribir dos novelas al mismo tiempo? ¿Y si esas novelas fuesen de distinto género? ¿Y si tuviesen un narrador completamente diferente? ¿Y si, básicamente, esas dos novelas no se pareciesen en nada?

Menos mal que me gustan los retos.

La manera que tuve de enfocar el proyecto fue clara. Iría alternando la novela que escribiría. De ese modo, una novela sería escrita durante los días pares y la otra durante los impares. Y puede haber quien critique éste modo de trabajar. Yo mismo lo criticaría, afirmando que es una locura y que puede generar una gran confusión y quebraderos de cabeza para el autor. Y aún así, lo hice.

¿Por qué?

Un método más sencillo habría sido escribir primero una novela, del tirón, y luego pasar a la siguiente. Pero ví un problema ahí. ¿Y si me bloqueaba? Si no conseguía hacer avanzar una novela y tenía que empezar otra desde cero... Quizás me bloquease por completo. El miedo a no saber cómo empezar una historia cuando todavía no has podido acabar otra. Por eso adopté ese otro método. Empezaría alternando y, si me bloqueaba en una novela, podía centrarme en la otra hasta superar ese bloqueo. Fácil.

Sólo que no me bloqueé. No sé exactamente por qué, no pasó. Aunque es cierto que una de las novelas era prácticamente escritura automática, al hacer una crónica ficticia de algo que viví. Sólo tenía que adaptar un poco las cosas y omitir nombres. Esa era fácil. La otra era una historia de misterio, con un asesinato de por medio. Esa... no lo fue tanto.

Vale, mentí en un pequeño detalle. Dije que apenas había preparado nada antes de ponerme a escribir. No era cierto. Preparé una cosa; sólo una cosa: el asesinato de esa novela. Quién era el asesino y cómo había cometido el crimen. Y por qué. Y a partir de ahí construí el resto de la historia, poniéndole trabas al protagonista y viendo cómo se debatía por superarlas y encontrar la respuesta. (Y más le valía encontrarla, porque había sido incriminado de ese asesinato).

Al terminar agosto vi los resultados de mi esfuerzo. Dos novelas cortas terminadas, sumando un total aproximado de 45.000 palabras. Había conseguido hacer mi propio NaNoWriMo fuera de temporada y conseguí adherirme al calendario que me había propuesto.

¿Qué es lo que aprendí de toda esa experiencia?

La verdad es que unas cuantas cosas bastante interesantes. Aparte de que, bueno, podía hacerlo. Descubrí que el manejar dos estilos narrativos tan diferentes fue una ayuda más que un impedimento. Resultó más fácil compartimentar y organizar cada historia. Cuando empezaba a escribir, con la voz de un narrador, ya tenía claro qué historia estaba escribiendo y cómo hacerla avanzar. No puedo saberlo, pero creo que si hubiese usado un narrador similar en ambas historias me habría sido más fácil confundirme y mezclarlas.
También aprendí a planificar bien el tiempo y a contar con los imprevistos; que siempre puede haberlos. No se dio el caso en esta ocasión, pero tenía un plan B por si me bloqueaba, para aprovechar los días en lugar de estar sin hacer nada. El mero hecho de saber que tenía ese plan B me dio más confianza y evitó que entrase en pánico si algo no salía al momento.
Otro hecho importante fue el manejar capítulos. Esto puede sonar raro, pero casi nunca escribo una historia por capítulos. Lo que más me cuesta es el empezar y el terminar un fragmento de la historia. El tener que hacer eso cada capítulo es poco menos que una pesadilla para mí. Hasta que lo hice. ¿Cuál fue el truco? La verdad es que es un truco sencillo pero que a un escritor mapa quizás no le funcionaría; me aproveché de mi forma de ser. Terminaba cada capítulo en un momento tenso, un cliffhanger, en el que se planteaba un nuevo escenario para el protagonista: una nueva amenaza, un nuevo misterio por descubrir, una nueva respuesta que explorar. ¿Por qué me funcionó? Porque no sabía la respuesta a esa pregunta; porque cuando continuase la historia tenía que descubrirlo y encontrar algo que resultase lógico. Y ese afán por descubrir la historia que estaba escribiendo me ayudó a continuarla y a aprender dónde terminar cada capítulo.

La historia de estas novelas no acaba aquí, claro. Una vez terminadas quedaba el dejar que reposasen un tiempo y luego revisarlas. Pero no podía permitirme tanto tiempo de descanso y la revisión tendría que ser a contrarreloj. Después de todo, ya había gastado un mes de los seis que disponía.

Pero eso es una historia para otro momento.

Comentarios

  1. No conocía el NaNoWriMo, me ha parecido súper interesante esta entrada y muy complicado de llevar a cabo lo que hiciste ese agosto, te felicito.

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